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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 17 de abril de 2017

Por favor, ¡no ensuciemos la soberbia actuación de Isco en El Molinón! / Juan Manuel Rodríguez


El jugador blanco dedicó su decisivo gol ante el Sporting
 a dos aficionados sordomudos del Real Madrid


Por favor, ¡no ensuciemos la soberbia 
actuación de Isco en El Molinón!

Hacía mucho tiempo que no veía una actuación individual tan desestabilizadora como la de Isco del sábado en El Molinón. También es verdad que a esa sensación se sumó otra, la de que el Real Madrid se había metido él solito en un jardín ante un Sporting muy inferior, pero no es menos cierto tampoco que fue la brújula de Isco la que sacó al equipo del laberinto. Isco condensó en 90 minutos todo lo bueno que sabemos que atesora: regate corto y electrizante, facilidad para ver más allá que los demás y trazar un pase salvador, habilidad para moverse con sentido en espacios muy reducidos... Y es precisamente por cosas como esas por las que Isco está en el Real Madrid, cuestión ésta que olvidamos a veces. Isco está en el Madrid y no, por ejemplo, en el Barça, que también le pretendió. Isco fichó por el Madrid porque el Madrid, sabedor de lo bueno que era Isco, le llamó. Y, desde que fichó por el Madrid, Isco ha tenido los minutos que ha tenido, menos que algunos compañeros y más que muchos otros. En definitiva: el enemigo de Isco no es el Real Madrid.

Pero con Isco me pasa algo que, por supuesto, no tiene absolutamente nada que ver con él, que queda absolutamente al margen. El chico se limita a entrenar y a jugar al fútbol, y a veces lo hace de un modo sublime, como pasó el sábado en El Molinón. Como todos, Isco quiere jugar más minutos. Como todos, Isco se enfada cuando no lo hace. Como todos, Isco reclama un sitio en el once titular. Y, con él como con todos, es el entrenador el que decide, en este caso Zinedine Zidane. Y, repito que dejando a un lado del debate a Isco, con él me sucede lo que, por ejemplo, me pasó con la última etapa de Iker Casillas en el Real Madrid, que detecto que tiene revoloteando a su alrededor a un grupo de abogados defensores amateurs que le hacen mucho daño y que, para defender su candidatura para el once titular, pasan por encima de quien sea, ciscándose en la independencia de Zizou como lo hicieron en la de Mourinho.

Un ejemplo: Isco protagoniza una actuación celestial el sábado y el lunes aparece un extracto de la biografía de Ancelotti en la que éste cuenta que un día le llamó Florentino Pérez para decirle que le había llamado el representante de Gareth Bale para quejarse porque el chico quería jugar por el centro. Curioso, ¿no?... ¿Coincidencia?... No creo en las coincidencias. Hay pruebas más que evidentes de que el representante de Bale, que tuvo dos o tres salidas de tono importantes, no es Bale, pero aún así se desliza la idea de que Isco es un chico ejemplar y que Gareth, que no acaba de estar bien después de su lesión, es un protestón y un quejica que va por detrás. En resumidas cuentas: la angelical y salvadora actuación de Isco del sábado no se emplea para cantar las muchísimas habilidades del chico sino que se utiliza contra alguien, en este caso contra el muñeco del pim pam pum preferido del periodismo deportivo español.

Si, tal y como aseguran que Ancelotti cuenta en su biografía, el representante de Bale se quejó porque su representado quería jugar por el centro, lo único que podemos deducir es que nadie hizo caso ni del representante ni del jugador porque... ¿por dónde está jugando Bale?... Por el centro desde luego que no. Supongo que llamadas como esas se producen mil, mil. Pero Bale, a quien desde el primer día se identifica como enemigo del fútbol español por contar con el beneplácito de todos sus entrenadores, también tiene muchas virtudes a pesar de que no sea seleccionable por Lopetegui y aunque el periodista Santiago Segurola afirmase en su día que no comprende el juego. Si, una vez recuperado de su lesión, Bale es suplente porque lo decide el entrenador, yo diré ¡ole y ole!... Y si, una vez recuperado de su lesión, Bale vuelve al once titular, repetiré ¡ole y ole!... Y si juega Isco, gritaré ¡ole y ole!... Porque yo, a diferencia de algunos colegas míos, creo siempre en la independencia del entrenador para tomar sus propias decisiones y pienso que él hará en todo momento lo que considere mejor y más oportuno para el equipo. Por favor, no manchemos la actuación magistral de Isco con nuestras cuitas y obsesiones personales.