la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 29 de mayo de 2017

Amores y odios / por Ignacio Ruiz Quintano


Montal y Bernabéu

El Barça no va de club de fútbol, sino de escuela de valores, y su mayor valor consiste en luchar por lo que odia. Por ejemplo, y en palabras del defensa central Gerardo Piqué, por “la Copa de vuestro Rey” (a quien los culés pitan), trofeo que otros llaman Copa de España (a la que esos mismos culés insultan).


 Amores y odios

Abc

Luchar por lo que se odia también es cosa de mérito.

Rummenigge odia al Madrid por el arbitraje de cuartos de final y su forma de luchar contra eso será no ver la final de Cardiff. Como el Barça.

El Barça no va de club de fútbol, sino de escuela de valores, y su mayor valor consiste en luchar por lo que odia. Por ejemplo, y en palabras del defensa central Gerardo Piqué, por “la Copa de vuestro Rey” (a quien los culés pitan), trofeo que otros llaman Copa de España (a la que esos mismos culés insultan).

Oficialmente, también odiaban al Generalísimo, aunque luego les arregló el papeleo del Campo Nuevo y lo condecoraban cada vez que él se dejaba.

–Un día coincidimos en el aeropuerto de Londres ellos y nosotros. ¡Ya sabe usted cómo son! Su presidente, Montal, se compró un perro, y lo llevaba en brazos. En la aduana no se lo dejaban pasar, pues debía pagar derechos. Montal preguntó cómo se podía arreglar el asunto, pues el chucho había costado lo suyo. El aduanero dijo que se pagaba por los animales vivos, pero no por los disecados. Montal llamó al utillero para que disecara al perro, porque, si no, le iba a costar una fortuna.

Éste es el chascarrillo que Bernabéu contó en una ocasión al Generalísimo, también condecorado por Montal, y por cuyas Copas los culés pelearon toda la vida, claro que por odio, como leones, ganando un montón de ellas, aunque no sé qué nombre tendrán ahora en el Museo.

Del Generalísimo, del Rey o de España, la Copa, en fin, es el Trofeo Emblemático del Barcelona, que luego le ha servido para salir al extranjero a disputar la Copa de Ferias, más tarde Recopa, título que la propaganda del sistema ponía por encima de la Copa de Europa, una competición que entonces estaba reservada para los campeones de Liga.

Si los culés lucharan por lo que aman, podrían estar en Cardiff con la Juve, pero como prefieren luchar por lo que odian estuvieron con el Alavés en el Calderón pitando el himno. Vivimos en plena cultura socialdemócrata y, así como en Europa se rebaja la importancia de la pólvora y el islam, en España se rebaja la importancia de los pitos y el himno.

Los culés creen odiar el himno y a la primera nota silban como a la primera campanada el perro de Pávlov salivaba. El odio (“ese gran embustero”, decía Santayana, el mayor filósofo español, razón por la cual Ortega jamás lo mencionó) fue la mostaza para darle algún sabor a una final con el Alavés, con Messi en figura, pues Messi sólo hay uno y juega en el Barcelona, ucase que todavía no se ha podido aplicar para explicar un Mundial con Argentina.

Messi sólo hay uno y juega con Argentina.

Gracias, por cierto, a la cultura socialdemócrata, Messi parece haber ganado seguidores en España desde su condena por fraude fiscal, así que no sabemos qué pasaría si al final se torciera lo de Cristiano con el fisco, que ya vemos a los rapsodas de guardia recurriendo al humor para ponderar ese carácter competitivo del astro portugués que lo habría llevado a intentar superar al astro argentino en todos los terrenos, incluido el del amor al dinero. A todo esto, y en atención a la raigambre popular del fútbol, ¿por qué no permiten a estos tipos liquidar sus deudas tributarias con goles al modo como otros artistas de renombre las liquidan con “obra”?

Pávlov



EL EDIPO DE MOURINHO

Con un guiño a los poetas del gol (“Hay muchos poetas en el fútbol, pero no ganan títulos”) Mourinho ha ganado una Uefa que mete al United en Champions, y lo ha hecho con Fellaini, que no es ni Messi ni Cristiano. El secreto de Fellaini es la fe de Mourinho, por quien, segúndice, se dejaría romper un pie, si se lo pidiera, y no importa si el derecho o el izquierdo, pues, para el fútbol, ambos parecen igual de humildes. ¡Un pie de Fellaini en la mesa del verdugo! Ese pie valdría más que el “Pie Vicente del Bosque” (“Humo heidelbergensis”) que Arsuaga, el Vendedor de Humo de Atapuerca, expone en el Museo del Mono de Burgos. El Edipo (“aquél que conoce la respuesta del enigma de los pies”) de Mourinho es, pues, Fellaini, cuando la millonada se pagó por Pogba. ¿Qué sería de Pogba con la fe de Fellaini?